34th Guadalajara International Film Festival: ‘Tremors’ and ‘Divine Love’ shine on their own merit

The brisk and healthy pulse of the Latin American film industry beat soundly in a solid thirty-fourth edition of the Guadalajara International Film Festival that closed on March 15.

Vigorous co-productions between countries and a dynamic festival circuit generate stories with the magic, candor and capacity for surprise that U.S. and European cinema has lost in the race for profit.

Among the narrative feature films at the festival, Tremors (Guatemala / France / Luxembourg) by Guatemalan Jayro Bustamante and Divine Love (Brazil / Uruguay / Denmark / Norway / Chile) by Brazilian Gabriel Mascaro — both second films that revolve around Evangelical fervor in Latin America — shone on their own merit.

Tremors, a terrifying portrait of fanaticism within a Guatemalan upper class family committed to healing the homosexuality of their married son, reaffirms Bustamante as a filmmaker of great caliber after his surprising debutIxcanul (2015).

The film presents an exquisite production value: solid performances, tight dramatic line, refined camera work, crisp sound mix and cool urban aesthetics.

Meanwhile, Brazilian director Gabriel Mascaro, after his breathtaking first feature Boi neon (2015), his second film portrays a country where people confess to pastors from the car in praying drive-thrus and love raves supplant Carnaval as the national holiday.

Divine Love, with echoes of Todd Haynes’s Safe, presents an immediate future invaded by the evangelist creed. After the initial expository half hour, the film is imbued with a beautiful poetry, using long takes, keeping “the camera at the right distance from the actors”, in the words of the talented director, tinged with neon lights and with several memorable scenes of liturgical meetings.

In addition, Brazil stood out with the sensual and vivid ode to life The Great Mystical Circus (Brazil / Portugal / France) by veteran filmmaker Carlos Diegues (Bye-Bye Brazil), a 100-year-old journey through the fascinating world of the circus that spans four generations, narrated with a magical rhythm and with unforgettable musical numbers — it reminds of Alejandro Jodorowski’s Endless Poetry; Ricardo Calil’s Cinema Morocco, a heartfelt documentary about a group of people who occupy an abandoned film theater; Gustavo Steinberg, Gabriel Bitar and André Catoto’s Tito and the Birds, a fascinating oil-paint animation featuring children who learn how to get rid of fear through unity; and the excellent short film I Am a Superman by Rodrigo Batista.

Spain was well represented with two excellent films: Jaime Rosales’s Petra, a sober portrait of a human interactions within the Catalan bourgeoisie, with an air of Greek tragedy and echoes of Eric Rohmer; and Carmen & Lola, a suave, touching first feature by Arantxa Echevarría that portrays the attraction that flourishes between two young gypsy girls in Madrid, with subtly shot scenes of love, great performances and a tight dramatic pulse.

Mexico presented the correct and interesting Beyond the Mountain by David R. Romay, about two unaccompanied teenagers who wander in Ciudad Juárez, with a strong lead performance by newcomer Benny Emmanuel; and the humble and intriguing At’ Anii” [Your lover] by Antonino Isordia Llamazares, about the relationship of a young indigenous Teenek couple in the Huasteca potosina.

The innocuous Miriam Lies (Dominican Republic / Spain) by Natalia Cabral and Oriol Estrada, The Sharks (Uruguay / Argentina / Spain) by Lucía Garibaldi, Florianópolis Dream (Argentina / Brazil / France) by Ana Katz and Rojo by Benjamin Naishtat (Argentina / Belgium / Brazil / Germany / France / Switzerland), all represented a vein of effective, entertaining, feel-good cinema with engaging story lines of ‘costumbrismo’ that are ultimately dispensable since they feel out of a mold.

Chile, the festival’s guest country this year, presented Juan Cáceres’ debut film Perro bomba, about the abuse suffered by Haitian immigrants in Santiago, representing “a popular cinema, not a documentary, but a document”, in words of the enthusiastic young director; and an excellent retrospective that regrettably went unnoticed in merciless outdoor screenings under the sun and heat. No one saw gems of Chilean cinema such as Canta y no llores, corazón (Juan Pérez Berrocal, 1925), Isla de Pascua (Nieves Yankovic / Jorge Di Lauro, 1965) or Jackal of Nahueltoro (Miguel Litttin, 1969).

Whether it’s a cinema with great production value made from the affluence of well-to-do filmmakers, or a raw cinema with a powerful message made from necessity, throughout history Latin America continues telling excellent film stories from the South and about the South, without a need for the North.

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34º Festival Internacional de Cine en Guadalajara: ‘Temblores’ y ‘Divino amor’ brillan con luz propia

El pulso ágil y saludable de la industria cinematográfica latinoamericana destelló en una sólida trigésimo cuarta edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara que se clausuró el pasado 15 de marzo.

Las vigorosas colaboraciones entre países y un dinámico circuito de festivales generan historias con la magia, candidez y capacidad de sorpresa que el cine estadounidense y europeo ha perdido en la carrera por hacer dinero.

Entre los largometrajes de ficción brillaron ‘Temblores’ (Guatemala /Francia / Luxemburgo) del chapín Jayro Bustamante y ‘Divino amor’ (Brasil / Uruguay / Dinamarca / Noruega / Chile) del brasilero Gabriel Mascaro con luz propia, ambas segundas películas que giran en torno al fervor evangelista de América Latina.

‘Temblores’, un retrato aterrador del fanatismo en el seno de una familia de clase alta guatemalteca empeñada en sanar la homosexualidad de su hijo casado, reafirma a Bustamante como un cineasta de gran calibre tras la sorprendente ‘Ixcanul’ (2015).

La película presenta una realización exquisita: sólido trabajo de actores, gran línea dramática, depurado trabajo de cámara, nítida mezcla sonora y gélida estética urbana.

Mientras tanto, el brasileño Gabriel Mascaro, tras la maravillosa ‘Boi neon’ (2015), retrata en su segunda película un país donde las personas se confiesan en drive-thrus y los raves del amor suplantan al Carnaval como fiesta nacional.

‘Divino amor’, con ecos de Safe de Todd Haynes, presenta un futuro inmediato invadido por el credo evangelista. Tras la exposición inicial, la película se imbuye de una bella poesía, mediante tomas largas y manteniendo “la cámara a la distancia justa del sujeto”, en palabras del talentoso realizador, teñida de luces de neón y con varias escenas memorables de reuniones litúrgicas.

Además, Brasil destacó con la sensual y emotiva oda a la vida ‘O grande circo místico’ (Brasil / Portugal / Francia) del veterano Carlos Diegues (Bye-Bye Brazil), un recorrido de 100 años por el fascinante mundo del circo a través de cuatro generaciones, narrado con un ritmo mágico y con números musicales inolvidables, y con ecos de Poesía sin fin de Alejandro Jodorowski; ‘Cinema Morocco’ de Ricardo Calil, bello documental sobre un grupo de personas que ocupan un cine abandonado; ‘Tito os pássaros’ de Gustavo Steinberg, Gabriel Bitar y André Catoto, fascinante animación al óleo sobre niños unidos que aprenden a quitarse el miedo; y el excelente cortometraje ‘Eu sou o super-homem’ de Rodrigo Batista.

España estuvo bien representada con dos excelentes películas: ‘Petra’ de Jaime Rosales, retrato sobrio de un entramado humano en el seno de la burguesía catalana, con aires de tragedia griega y ecos de Eric Rohmer; y ‘Carmen y Lola’, sentida y suave ópera prima de Arantxa Echevarría que retrata la atracción que nace entre dos jóvenes gitanas en Madrid, con bellísimas escenas de amor, grandes actuaciones y un gran pulso dramático.

México presentó la correcta e interesante ‘Detrás de la montaña’ de David R. Romay, en torno a dos adolescentes sin familia que vagan en Ciudad Juárez, y con gran actuación protagonista de Benny Emmanuel; y la humilde e intrigante ‘At’ Anii’’ [Tu amante] de Antonino Isordia Llamazares, en torno a la relación de un joven matrimonio Téenek en la huasteca potosina.

Las inocuas ‘Miriam miente’ (República Dominicana / España) de Natalia Cabral y Oriol Estrada, ‘Los tiburones’ (Uruguay / Argentina / España) de Lucía Garibaldi, ‘Sueño Florianópolis’ (Argentina / Brasil / Francia) de Ana Katz y ‘Rojo’ de Benjamin Naishtat (Argentina / Bélgica / Brasil / Alemania / Francia / Suiza), representaron un cine efectivo con buenos guiones que tiende hacia lo costumbrista pero que es en última instancia prescindible al parecer salido de un molde.

Chile, país invitado del festival en esta edición, presentó la ópera prima ‘Perro bomba’ de Juan Cáceres, en torno al abuso que sufren los inmigrantes haitianos en Santiago, muestra de “un cine popular, no documental, sino documento”, en palabras del entusiasta joven realizador; y una excelente retrospectiva que lamentablemente pasó desapercibida al proyectarse al aire libre bajo un sol y un calor inmisericordes. Joyas del cine chileno como Canta y no llores, corazón (Juan Pérez Berrocal, 1925), Isla de Pascua (Nieves Yankovic / Jorge Di Lauro, 1965) o El chacal de Nahueltoro (Miguel Litttin, 1969) no las vio nadie.

Bien sea un cine con gran valor de producción hecho desde la abundancia por clases pudientes o un cine en bruto con mensaje potente hecho desde la necesidad, América Latina continúa a través de la historia contando excelentes historias cinematográficas desde el Sur y sobre el Sur, sin necesidad del Norte.

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El fenómeno ‘Roma’ de Alfonso Cuarón

Roma es la mejor película del director Alfonso Cuarón hasta la fecha.

Quien ganara 7 Premios Óscar en 2013 por Gravity ambienta su nueva película en México, donde no filmaba desde que saltara a la fama con Y tu mamá también (2001). Es un retrato íntimo de su infancia en la colonia Roma de la Ciudad de México, contado desde el punto de vista de una muchacha oaxaqueña empleada de hogar.

Entrañable, encantadora y entretenida, su cinematografía, ritmo, montaje, dirección de arte, sonido, realización son exquisitos. Roma es bella.

Pero Roma es también un fenómeno mediático y de auto complacencia. Producida por el gigante Netflix de cine online, la campaña que acompañó su estreno propuso un modelo de distribución y exhibición nuevos, al estrenarse en los cines varias semanas antes de su exhibición mundial en línea el 14 de diciembre, con el objetivo de poder optar a los Premios Óscar  y generar curiosidad.

Así mismo, la promoción de la película desplegó un aparato de mercadotecnia masivo nunca visto —una intensa campaña en las redes sociales, entrevistas comedidas que revelaban gradualmente los entresijos de la producción, una calculada unanimidad crítica sobre su excelencia, especiales monográficos, portadas en revistas con la actriz protagonista, presentaciones comunitarias por una causa.

Roma encandila tanto al público latino, que se reconoce en la idiosincrasia cultural que retrata, como al extranjero que goza de una película de arte y ensayo de tomas largas, con subtítulos, en blanco y negro.

Procedentes de Nueva York y camino a Morelia, charlamos con Alfonso Cuarón y las actrices Yalitza Aparicio y Marina de Tavira durante su breve visita al Castro Theater de San Francisco para una presentación especial de Roma.

(Yalitza Aparicio)

¿Como te escogieron para interpretar Roma?
Fue un casting algo largo. A Primero que yo fui fue en la comunidad de Tlaxiaco en Oaxaca, pero no lo hice con la intención de quedar o de obtener un papel, simplemente era como la curiosidad de saber cómo hacían los castings. Ya después cuando me hablaron para continuar con otro ahí fue donde realmente la pensé. Primero en Oaxaca y después fui al D.F.  Me dio como ese temor de creer que era trata de blancas porque no te daban mucha información, más que un casting para todas las mujeres con cualquier físico.

No decían quién iba a ser el director…
No, no decían nada. Y aparte allá nunca llegan a hacer un casting así que era ahí ese temor.

Y tú de curiosa mira dónde terminaste…
Pues fue más la culpa de mi hermana. Es que ella era la que quería hacer el casting. A ella  le hicieron la invitación. Y a mí me llevó y al final me dijo ‘no pasa tú porque yo ya no, estoy embarazada, ya falta poco y no tiene caso que lo haga’.

No tenías experiencia de actuar ni nada…
No. De hecho yo estaba estudiando para maestra de preescolar. Y apenas había terminado, llevaba como un mes de haber egresado cuando me hicieron esta invitación de formar parte de este proyecto.

¿Cómo fue la experiencia de la filmación? Ser dirigida por Alfonso Cuarón, cómo te tenías que expresar, tus sentimientos como personaje…
Al principio fue algo complicado porque era el tratar de olvidar que había tantas personas alrededor y también el olvidar que estaba ahí la cámara. Pero igual poco a poco me fui acostumbrando. Creo que a diferencia de Marina, como yo nunca había actuado no sabía cómo se hacía y yo creía que ese era un método normal que se estaba siguiendo, entonces solamente me dejaba llevar por lo que pasaba.

(Alfonso Cuarón)

Después del exitazo de Gravity, Children of Men… ¿por qué sentiste la necesidad de regresar a México y hacer una película como Roma en tu vida?
Son de esas cosas. Son momentos históricos en tu vida. Por un lado las condiciones se dan y por otro lado sentí que tenía las herramientas emocionales para abarcar esa historia.

Y lo hiciste todo: escribiste, produjiste, dirigiste, hasta la cámara…
Bueno es lo único distinto porque al último momento Emmanuel Lubezki, con el que siempre colaboré, no pudo hacerla. Eran como dos o tres semanas antes de empezar a rodar. Y fue el mismo Lubezki que me dijo ‘ya hazla tú’. Las demás funciones siempre las he hecho yo.

El período histórico que abarca tu película, los años 70 y 71 en que tú creciste, ¿qué tan distinto ves ahora a México en materia de derechos humanos y con López Obrador como presidente?
Todas las enfermedades que tenía el México de los setenta no han cambiado. Si acaso, se han agudizado. Entonces veremos qué pasa. Yo tengo esperanza de que sea un cambio de sistema realmente de sustancia y no solo de forma.

(Marina de Tavira)

¿Como fue el casting de la película?
Fue un proceso muy largo. Yo no supe quién iba a ser el director de la película hasta el final realmente, un día antes de que la prueba fuera con Alfonso. Entonces en ese momento me impresionó mucho porque evidentemente es un director con el que ni siquiera soñaba trabajar.

Pero fue increíble cuando finalmente trabajé con él en la audición, fue muy amable, me dio mucha confianza y trabajamos mucho sobre la forma en que guardamos el dolor pero no lo mostramos. Esa es una línea dramática del personaje durante la película.

Fue la dirección que dio él durante el rodaje…
Una de ellas, hubo muchísimas. Sofía es una madre de familia que está viviendo un rompimiento muy duro y que va a tener que decirles en algún momento a sus hijos lo que va a pasar. Pero como madres nunca queremos que… solemos absorber toda la tristeza y todo el dolor para que ellos no lo vean. Es algo que las mamás hacemos.

¿A la película le está yendo muy bien no?
Estamos muy contentos. Sobre todo por la forma en que la gente reacciona, se acerca a nosotros y nos cuenta sus experiencias de infancias, nos hablan de sus nanas o de sus mamás… Es una película de alguna manera que también hace homenaje a las mujeres que se ven enfrentadas a tener que ser cabezas de familia y sobre todo el vínculo entre dos mujeres de mundos muy distintos.

Y en una época histórica que adquiere también un papel protagonista. Después de la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968…
Sí, 1971. Y el año del halconazo, que fue otra represión estudiantil en la que también se mataron varios estudiantes y que tuvo el mismo modus operandi, que fue los famosos halcones que eran entrenados pero estaban vestidos de estudiantes para que pareciera que era una revuelta entre estudiantes cuando en realidad era una represión de parte del gobierno.

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‘¡Viva el cine!’ en el festival de Mill Valley

La cuadragésimo primera edición del Festival de Cine de Mill Valley en el condado de Marin, en la que se mostrarán más de 200 películas durante semana y media, comienza este 4 de octubre. ‘¡Viva el cine!’ es la sección dedicada al cine de habla hispana y este año incluye películas de México, Colombia, Cuba, Argentina, España, Chile y Estados Unidos.

Desde México y alabada por la crítica llega Roma, sobre la  muchacha empleada del hogar de una familia en la Ciudad de México, está ambientada en 1970 y es autobiográfica, en palabras de su director Alfonso Cuarón (Gravity) quien no filmaba en su tierra natal desde Y tu mamá también en 2001; Museo de Alonso Ruizpalacios (Güeros), un thriller cómico basado en torno un robo que sucedió en el Museo de Antropología de la Ciudad de México en 1985, llega avalada por el papel protagonista de Gael García Bernal y un galardón en el prestigioso festival de Berlín; Los adioses de Natalia Beristáin (No quiero dormir sola), en torno a la escritora Rosario Castellanos, galardonada con el premio Ariel a mejor actriz ; y la adorada producción del estudio de animación local Pixar Coco, de Lee Unkrich, sobre un niño que viaja a la Tierra de los Muertos para buscar a sus antepasados y la fuente de su amor por la música.

El programa de cortometrajes From Mexico, Con Amor, curado por el Festival de Cine de Morelia, incluye cortos para todas las edades: El agujero de Maribel Suárez, Lucy contra los límites de la voz de Mónica Herrera, Bzzz de Anna Cetti & Guicho Nuñez, Polvo de estrellas de Aldo Sotelo Lázaro, Mateo y el cine de Luis Felipe Hernández Alanis, 2015, 4 min) y Las tardes de Tintico de Alejandro García Caballero.

Desde Colombia llegan Pájaros de verano de Cristina Gallego y Ciro Guerra (El abrazo de la serpiente), sobre la lucha de poder entre dos clanes wayuu en el desierto de la Guajira durante el auge del cultivo de marihuana en los años 70; Virus Tropical, ópera prima de Santiago Caicedo, un relato animado de adolescencia basado en la novela gráfica de la artista colombiano ecuatoriana Power Paola, galardonado en los festivales de cine de SXSW y BAFICI; y Amalia la secretaria de Andrés Burgos, en torno a una una rígida y enojosa secretaria que se suelta el pelo al conocer a un hombre que la introduce a la cumbia, el yoga y el coqueteo.

Desde Argentina, y producida por Pedro Almodóvar, El ángel de Luis Ortega, en torno al despertar sexual de un joven de 19 años que conoce a un atractivo compañero de escuela en el contexto de la represión de la dictadura militar.

Desde Chile, Tarde para morir joven de Dominga Sotomayor (De jueves a domingo), premio a mejor directora en el Festival de Locarno este año, sobre una joven de 16 años que se muda de Santiago a un enclave bohemio en las afueras junto a su familia.

Desde Cuba, Ernesto, sobre un estudiante de medicina japonés-boliviano que viaja a la isla en 1962 para convertirse en médico y termina uniéndose a la guerrilla para luchar junto a su héroe Ché Guevara; y Sergio and Sergei, la historia de un joven profesor de arte yradio aficionado en la Cuba de los años 90, tras el colapso de la Unión Soviética.

De Estados Unidos llegan dos producciones locales, Harvest Season de Bernardo Ruiz (Kingdom of Shadows, Reportero), que explora de la voz de viticultores latinos en el Valle de Napa la producción de vino; y Collisions de Richard Levien, sobre el impacto devastador que la política de inmigración tiene en una familia latina del Área de la Bahía.

Y desde España The Silence of Others, dirigida por Robert Bahar y Almudena Carracedo y galardonada en Berlín con el premio del público, un documental sobre las víctimas de los 40 años de dictadura del general Franco que esperan justicia.

Además de los directores Alfonso Cuarón, Dominga Sotomayor, Andrés Burgos, Lee Unkrich, Richard Levien, Bernardo Ruiz, Robert Bahar y Santiago Caicedo, el festival contará con la presencia de un sinfín de invitados en esta 41º edición del festival con más glamour, y más exclusivo, del Área de la Bahía.

Presentaciones especiales, galas, conciertos, foros de discusión… hasta mariachis y chocolate con churros acompañarán las proyecciones de las películas del 4 al 14 de octubre.

El festival tendrá lugar en cines de San Rafael, Mill Valley y Larkspur. Los boletos cuestan $16.50. Más información en mvff.com/viva-el-cine/.

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Festival de Cine Latino en San Francisco cumple diez años

Pareciera que fue ayer, pero ya pasaron diez años.

Una década de película con la que Cine+Más nos ha obsequiado cada mes de septiembre en la gran pantalla.

La décima edición del Festival de Cine Latino en San Francisco comienza el viernes 14 de septiembre con el excelente documental ‘Yo no me llamo Rubén Blades’ de Abner Benaim (Panamá), una reflexión en primera persona sobre la vida, y desde la madurez, del cantante, compositor, actor y político que creó la ‘salsa con conciencia’ y compuso canciones memorables como ‘Pedro Navaja’ y ‘Plástico’. .

Entre los 25 largometrajes y más de 50 cortometrajes que se presentarán en San Francisco, Berkeley y Oakland durante las próximas dos semanas, esta décima edición destaca por la excelente selección de documentales y una sólida muestra del cine latino producido localmente en el Área de la Bahía.

El exquisito programa ‘Have you seen her, La Mission?’, muestrario de cortometrajes de ficción, documentales y experimentales dedicado a la memoria de la cineasta Nora Cadena (1962–2018) y que se filmaron en la Misión en los años 90, está compuesto por ‘Ni aquí, ni allá’ de Nora Cadena, ‘Algún día’ de Pepe Urquijo, ‘Calle Chula’ de Vero Majano, ‘I Reminisce’ de Vero Majano, ‘That Mission Rising!’ de Alfred Hernandez y ‘New Mission’ de Armand Emamdjomeh.

Así mismo, el interesante programa también local ‘Close to Home’ incluye los cortometrajes ‘After’ de Joe Saldana y Yonash Breneman, ‘Encuentros’ de Naomi Garcia Pasmanick, ‘Land of Opportunity’ de George Almanza, ‘Lil Esmi’ de Maria Victoria Ponce, ‘My Migration’ de Aileen Candelario, ‘Re-Painting the Mission’ de Akil Carillo, ‘Resist: Documenting the Undocumented’ de Oscar Guerra y ‘Velo Visionaries – Gabe Dominguez’ de Kristin Tieche.

Decididamente, los cortometrajes siempre han sido de lo mejor en cada edición del festival. Además de ser parte de programas temáticos como ‘Close to Home’, ‘Wish It Were Longer’, ‘Tales of Migration’, ‘Loving You Shorts’, ‘Arts Inspired Shorts’, ‘Fantastic Shorts’, ‘Brazilian Shorts’ y ‘Danger After Dark Shorts’, muchos de ellos precederán a los largometrajes como es habitual.

Entre los muchos largometrajes documentales de calidad, destaca  ‘They Called Me King Tiger’ de Ángel Estrada, en torno a la fascinante figura del líder chicano Reies Lopez Tijerina, mezcla político radical y gurú cuyos acólitos asaltaron armados la Corte de Tierra Amarilla, Nuevo México, en 1967. Un interesantísimo pedazo de la historia del Suroeste de Estados Unidos, y con sorpresa incluida…

También merecen especial mención el documental peruano ‘Green River:The Time of the Yakurunas’, sobre la percepción del tiempo en tres pueblos a orillas del río Amazonas; el  puertorriqueño ‘1950: The Nationalist Uprising’ de José Manuel Dávila Marichal, sobre un levantamiento nacionalista para liberar a la isla; ‘Singing Our Way to Freedom’ de Paul Espinosa, en torno a la vida del músico, compositor y activista chicano Ramón ‘Chunky’ Sánchez; ‘Cuban Food Stories’ de Asori Soto, quien regresa a su tierra natal en busca de los sabores perdidos de su infancia; y el documental español ‘Indestructible, el alma de la salsa’ de David Pareja, un viaje visual a través de la historia de la salsa y el espíritu flamenco de Diego El Cigala.

En el género de largometraje de ficción destaca ‘Love, Cecy’ de Jay Francisco López, quien presentase su ópera prima ‘Sin Padre’ en el festival en 2012. La segunda película de este talentoso cineasta local está basada en la historia real de Cecilia Ríos, de 15 años, asesinada en Richmond, California, en 1994, cuando tomó un atajo camino a su casa.

También en el ámbito local, destaca el mediometraje ‘Futbolistas 4 Life’ de Jun Stinson, sobre la vida de dos estudiantes de secundaria en Oakland: uno que vive con el temor de la deportación de sus padres indocumentados y el otro un solicitante de DACA que aspira a la universidad.

Más allá del Área de la Bahía, destacan la comedia uruguaya ‘Misión No Oficial’, en torno a las dificultades de abastecimiento que padeció el primer país en el mundo en legalizar la marihuana; la estadounidense ‘Tejano’ de David Blue Garcia, sobre un campesino del sur de Texas que se rompe el brazo para pasar un molde hecho de cocaína por la frontera; la ópera prima costarricense ‘El sonido de las cosas’ de Ariel Escalante, en torno a la vida de una joven enfermera cuya prima se suicida; y la argentina ‘El año del león’ de Mercedes Laborde, sobre la complicada relación una joven viuda con su hijastrar.

Una muestra ecléctica en esta décima edición con espléndidas películas locales e internacionales —Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, México, Cuba, Puerto Rico, Perú, España, Uruguay y Estados Unidos— para todos los públicos.

El Festival de Cine Latino en San Francisco se celebra del 14 al 30 de septiembre en Roxie Theater, Brava Theater, Artists’ Television Access, New Mission Theater y Alley Cat Bookstore en San Francisco, así como en Eastside Cultural Center en Oakland y BrasArte en Berkeley. El precio de los boletos es de $14. Consulte sflatinofilmfestival.org para más información.

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Interview with Natalia Almada, director of ‘Everything Else’

After her exemplary third documentary, El Velador [The Night Watchman, 2011], Mexican filmmaker Natalia Almada throws herself into the narrative genre with a simple story: the lonely life of an older woman who issues government credentials in Mexico City.

The result, Todo lo demás [Everything Else, 2016], is an exquisitely manufactured film whose recurrent visual and sound elements endow it with a slow, almost hypnotic cadence. A static camera of contemplative mood presents the story through long shots, right angles, with little depth of field and in wide format.

Crisp and sober, Everything Else is a smooth, elegant transition from documentary to fiction in the career of this talented filmmaker born of a Mexican father and an American mother, raised in the state of Sinaloa, Mexico, and currently a resident of San Francisco, California, part of of the year.

We chatted with Natalia at a Mission cafe — her newborn baby beside us — a few days before her film was given the Golden Gate Award for best narrative film at the 60th San Francisco International Film Festival.

After making 3 excellent documentaries, you decide to work with fiction. How was Everything Else born?
My idea was to make a trilogy of shorts about violence in Mexico and I ended up doing a long film, The Night Watchman, which deals with violence and is filmed in a cemetery where many traffickers have been buried. But I was left with the desire to continue addressing the issue of violence, both the violence of democracy and violence against women.

How does a woman like Doña Flor, protagonist of Everything Else, in her role as bureaucrat in life, is an invisible figure before others? When you are going to get your driver’s license to the DMV here in the USA, you do not pay attention to the person helping you on the other side of the desk. The person who’s helping you is a X figure in the bureaucracy of the system, and therefore a little invisible. I was interested in examining what a woman’s life in such a role is like, how she is with herself after 30 years of living every day in this environment, where nobody really recognizes her.

Everything Else is also about loneliness in the immense Mexico City, where so many people live but where you can feel so alone, so anonymous…
It’s related. In part, she is a very lonely woman because of her situation. I’m not saying that all women bureaucrats feel as alone as Doña Flor. Instead for me partly is about her loneliness in society. In other words, it’s not just about an individualistic society, it is also the situation of an older woman in society. The subtext of the film is violence against women. What happens every day in Mexico, where women suffer gender violence. And the overall violence that exists in Mexico City, a very aggressive city where everyone needs to make a living in one way or another.

Doña Flor’s suffocating solitude is oxygenated in the pool scenes. Why make your character go to a swimming pool? As a liberation?
Yes, part liberation. She seeks to relate, to get closer to others, closer to herself. And the place where that happens is in the pool. It was a very personal decision, my sister drowned when I was very little. I have a short film about that, All Water Has a Perfect Memory (2001). It’s something that has been present in my films but I did not want it to be the main narrative either.

Accustomed to making documentary films, how did you manage to write a screenplay?
I had to write a script, say less by own choice and more by necessity in order to get funds. It is very difficult to get funding without having a script in hand. I started writing in prose as if I was filming a documentary. Every morning when I woke up, the first thing I did was write two or three hours, as a stream of consciousness. I would find my character in a certain situation like ‘today my character is in the subway, today in the bathroom…,’ without thinking about the narrative, as if it were one day in an X moment in the life of Doña Flor. This is how I had filmed my previous documentary films. Then I edited these 2 or 3 page texts to find a structure. As if I was editing a documentary: you film your subject to see what happens today, then you have all the footage and you start looking for a structure. So that’s how I got to develop a script.

Much of the material in the original texts cannot be filmed, things about smells, the heat, thoughts, dreams… but they are part of the character and the atmosphere.

That surely helped you in the process as well as in directing the actors… Tell me about the novelty of directing actors.
There is an interesting mix in the film. How you direct Adriana Barraza, who is a great actress and the only professional one in the film, is very different from how you direct someone who has never acted in her life, since the rest of the actors were not professional.

What I was most afraid in making a narrative film were the actors. I took acting classes here in San Francisco, at Shelton Studios, which helped me a lot to understand what it is to act. And I also read a lot.

Documentary literature and the literature of the acting, both speak to truth. When a subject in a documentary begins to act and you do not believe him, you feel it right away, it is very obvious. ‘I do not believe what this person is saying.’ It is when I understood that I was looking for the same thing in narrative film, to trust what you see through the lens, what it feels like. I said to myself ‘I’ve been filming people for 10 or 12 years and looking for true elements.’

What guidelines did you follow when selecting the peculiar characters to whom Doña Flor attends?
They are characters that I had encountered in real life at some point, that I incorporated into my writing and then matched with the people being casted for the film. I worked with two documentary guys who do casting for narrative films. It is something that we do a lot in Mexico. For instance Carlos Reygadas, the best known auteur in Mexican cinema nowadays, he uses non-actors. I do not know how he finds them himself, but it is very common to use non-actors in auteur Mexican cinema nowadays. There are many actors in Mexico, but they come from theater, from television, soap operas… a different acting style. Much of what seduces us to make movies in Mexico is the people in the country, they are so incredible that you tell yourself ‘no fictional character could match this.’

Everything Else feels very controlled. You wrote, directed, and the images so clear … how was the work with cinematographer Lorenzo Hagerman?
Yes, there is a lot of control. The collaboration with Lorenzo was a mix. As I have filmed my films I have experience as a photographer. And I love doing it. But in this film, I felt I could not do the camera and direct the actors at the same time. Not having the ability to do both things well was what worried me the most. It was super important for me, especially in this first approach to narrative film, to focus on directing the actors.

I worked with someone to do storyboards because I’m bad at drawing. It was a nice first experience directing someone who is drawing and asking me things like ‘Does she wear glasses? How far does her skirt fall?’ Not just questions about camera angles, distance from the characters and things like that. That helped me a lot in my approach to direct someone else. We did an exercise of putting the drawings on a timeline in FinalCut next to the movie, and it’s almost almost identical! Now, what Lorenzo did, which I really could not have done, is the lighting. Almost everything is natural lighting, but the little artificial lighting he used, I never would have achieved it, I do not have that experience.

There is a take that is 80% black, what a radical decision!
Well, in The Night Watchman you feel it too! I like darkness in film. I do not shy away from a dark screen. Especially with today’s technology, we often think there always has to be information and detail, even in blacks. I do not agree. I feel that those blacks can go black and that it gives you a very interesting depth. And that it is often that space where we do not see when are able to listen to what is happening.

Speaking of listening, there are recurrent sound elements in your film, such as the voice of street vendors and the splash of the water, that you use to give the film a beautiful slow rhythm…
I edit my films and I’ve done camera, but sound design is not my strength. I understand its importance, and in writing there are many sound elements, even in the first texts, that were lost in the script and we decided to return to in order to keep the sound proposal.

Some very interesting difference between fiction and documentary is that when you see your documentary footage for the first time it already has sound from the environment, while in fiction it does not because the environment is controlled in order to capture clean dialogues. So I thought that all my footage was totally dead, lifeless. I panicked! And Dave Cerf, my partner and collaborator, began to build that first sound design for the film. And then I worked with Alejandro de Icaza, who did The General (2009) and The Night Watchman with me, doing the mix, putting more elements, making the foleys… And in the end we were lucky enough to work with Lora Hirschberg at Skywalker Ranch in Marin, where we did a final sound mix that lasted three days, an incredible experience.

If someone saw Everything Else fifty years from now, what do you think they’d think?
On the one hand perhaps it would be seen as a historical document: the metro, women… how life is in Mexico nowadays. But I imagine that the emotional aspect of the film, the solitude of Doña Flor, is something that will continue in life. We are social beings, I believe that we always struggle with those issues concerning the individual, society, loneliness, community, family. It will always be part of our biology, to have to deal with the issue of who we are amongst others.

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Entrevista con Natalia Almada, directora de ‘Todo lo demás’

Tras su ejemplar tercer documental, El velador (2011), la cineasta mexicana Natalia Almada se avienta al género de ficción con una historia sencilla: la vida solitaria de una mujer mayor que expide credenciales gubernamentales en la Ciudad de México.

El resultado, Todo lo demás (2016), es una película de exquisita manufactura cuyos elementos recurrentes visuales y sonoros la dotan de una cadencia pausada, casi  hipnótica. Una cámara estática de talante contemplativo presenta la historia mediante tomas largas, ángulos rectos, con escasa profundidad de campo y en formato ancho.

Nítida y sobria, Todo lo demás es una suave transición del género documental a la ficción que ha realizado esta talentosa cineasta nacida de papá mexicano y mamá estadounidense, crecida en el estado de Sinaloa, México, y actualmente residente de San Francisco, California, parte del año.

Conversamos con Natalia en un café de la Misión —su bebé recién nacido a la par— unos días antes de que Todo lo demás fuera galardonada con el premio Golden Gate a mejor película de ficción en el marco del 60º Festival Internacional de Cine en San Francisco.

Después de realizar 3 documentales excelentes, te adentras en el género de ficción. ¿Cómo nació Todo lo demás?
Mi idea era hacer una trilogía de cortos sobre la violencia en México y terminé haciendo un largo, El velador (2011), que trata de la violencia y está filmada en un panteón donde han enterrado a muchos traficantes. Pero me quedé con las ganas de seguir tratando el tema de la violencia, tanto la violencia de la democracia como la violencia contra la mujer.

¿Cómo una mujer como Doña Flor, protagonista de Todo lo demás, en su papel de burócrata en la vida, es una figura invisible ante los demás? Cuando vas a sacar tu credencial, al DMV aquí en EEUU, y no te fijas en esa persona que está al otro lado de la mesa. La persona que te atiende es una figura X en la burocracia del sistema, y por ende un poco invisible. Me interesaba ver cómo es la vida de una mujer así, cómo es ella consigo misma después de 30 años de vivir todos los días en este ambiente, donde nadie la reconoce realmente.

Y también es una película sobre la soledad en la inmensa Ciudad de México, donde vive tanta gente pero donde te puedes sentir tan sola, tan anónima…
Está relacionado. En parte es una mujer muy sola por su situación. Y no es decir que todas las mujeres burócratas se sientan así de solas como Doña Flora. Pero hay para mí una parte ahí de su soledad en la sociedad. O sea, no es sólo una sociedad individual, sino que también su situación como mujer mayor en la sociedad. El subtexto, podríamos decir, de la película es la violencia contra la mujer. Lo que pasa todos los días en México, donde las mujeres sufren una violencia de género. Y la violencia general de la ciudad. Una ciudad muy agresiva, donde todo el mundo necesita ganarse un peso de alguna forma u otra.

La soledad asfixiante de Doña Flor se oxigena en las escenas de la alberca. ¿Por qué hacer que a tu personaje le gustase ir a la alberca? ¿Como una liberación?
Sí, en parte liberación. Ella busca relacionarse, busca acercarse a los demás, acercarse a sí misma. Y el lugar donde eso pasa es en la alberca. Fue una decisión muy personal, mi hermana se ahogó cuando yo era muy chiquita. Tengo un corto sobre eso que se llama La memoria perfecta del agua (2001). Es algo que ha estado presente en mis películas pero tampoco quería que fuera la narrativa principal.

Acostumbrada a hacer cine documental, ¿cómo le hiciste para escribir un guión?
Tuve que escribir un guión, yo diría que menos por elección propia y más por necesidad para conseguir fondos. Es muy difícil que te apoyen sin un guión. Empecé escribiendo en prosa y luego fui escribiendo como si estuviera filmando un documental. Todas la mañanas al despertar lo primero que hacía era escribir dos o tres horas, como stream of consciousness. Encontraba a mi personaje en una situación y escribía ‘hoy mi personaje se encuentra en el metro, hoy en el baño…’, sin pensar en la narrativa, como si fuera un día un momento X en la vida de Doña Flor. Así es como había filmado mis películas documentales anteriores. Esos textos, que eran como de 2 o 3 páginas cada uno, los edité para buscar la estructura. Así como editar un documental: filmas tu personaje a ver qué pasa hoy, y luego tienes todo el material y empiezas a buscar la estructura. Y de ahí saqué el guión.

En los textos originales hay mucho que no se puede filmar, sobre los olores, el calor, sus pensamientos, sus sueños…, pero que son parte del personaje o de la atmósfera.

Que te ayudan seguramente en el proceso y para dirigir a los actores. Háblame de cómo fue la novedad de dirigir a actores.
Hay una mezcla interesante. Cómo diriges a Adriana Barraza, que es una gran actriz y la única actriz profesional de la película, es muy distinto a cómo diriges a alguien que nunca ha actuado en su vida, ya que el resto de los personajes no eran actores.

Lo que más me daba miedo de la ficción eran los actores. Tomé unas clases de actuación aquí en San Francisco, en el Shelton Studios, que me ayudaron muchísimo a entender lo que es actuar. Y también leí mucho.

La literatura del documental y la literatura de la actuación, los dos hablan mucho de lo que es la verdad. Cuando un personaje en un documental empieza a actuar y como que no le crees, lo sientes de volada, es lo más obvio. ‘A esta persona no le creo nada lo que está diciendo’. Es cuando entendí que buscaba lo mismo a través de la ficción, el confiar en lo que se ve a través de lente, en lo que se siente. Me dije ‘llevo 10 o 12 años filmando personas y buscando elementos verídicos.

¿Qué pautas seguistes al seleccionar a los peculiares personajes a quienes Doña Flor atiende?
Son personajes que yo había visto en algún momento, y luego buscamos empatar lo que se había escrito con las personas que encontramos, en la calle más que nada. Trabajé con dos chicos documentalistas que hacen casting para ficción. En México es algo que usamos mucho. Digamos Carlos Reygadas, el más conocido de cine de autor mexicano hoy en día, usa no-actores. No sé cómo los encuentre pero es muy común usar el no-actor en el cine mexicano de autor de hoy en día. Tiene que ver con el trabajar dentro de los parámetros que tenemos en México, donde hay muchos actores pero que vienen del teatro o de la televisión y las telenovelas, que es otro estilo de actuación. Gran parte de lo que nos seduce a hacer cine en México es las personas en el país, son tan increíbles que dices ‘no, este personaje nunca lo podría igualar’.

Todo lo demás se siente muy controlada. Escribiste, dirigiste, y las imágenes tan nítidas… ¿cómo fue el trabajo con el director de fotografía Lorenzo Hagerman?
Sí, hay mucho control. La colaboración con Lorenzo fue una mezcla. Como yo he filmado mis películas tengo experiencia de fotógrafa. Y me encanta hacerlo. Pero sentía que no podía hacer cámara y dirigir a los actores. El no tener la capacidad de hacer las dos cosas bien era lo que más me preocupaba. Para mi era súper importante, especialmente en este primer acercamiento a la ficción, enfocarme en la dirección de los actores.

Hice storyboards, pero trabajé con alguien porque soy pésima para dibujar. Fue lindo, porque fue mi primera experiencia dirigiendo a alguien que está dibujando y que me preguntaba cosas como ‘¿usa lentes?, ¿hasta donde le cae la falda?’ No nomás a nivel de ángulos y distancias de personaje y cosas así. Eso me ayudó mucho a acercarme a lo que es dirigir a alguien más. Hicimos un ejercicio de poner los dibujos en un timeline en FinalCut al lado de la película, y es casi casi idéntico. Ahora, lo que hizo Lorenzo, que yo la verdad no lo podría haber hecho, es la iluminación. Casi todo es natural, pero lo poco que se usó de iluminación, yo nunca lo hubiera logrado, no tengo esa experiencia.

Hay una toma que está 80% negra, ¡qué decisión tan radical!
Pues en El velador se siente también. Me gusta lo oscuro en el cine. Y no tenerle miedo a una pantalla oscura. Muchas veces, especialmente con la tecnología de hoy, pensamos que siempre tiene que haber información y detalle, hasta en los negros. Y no estoy de acuerdo. Siento que esos negros se pueden ir a negro y que te da una profundidad muy interesante. Y que muchas veces es ese espacio donde no vemos donde sí se escucha lo que pasa.

Hablando de escuchar, en tu película hay elementos sonoros recurrentes, como la voz de los vendedores ambulantes y el chapoteo del agua que utilizas para dar a la película ese bello ritmo pausado…
Edito mis películas y he hecho cámara, pero lo que es diseño sonoro no es mi fuerte. Pero entiendo su importancia, y al escribir hay muchos elementos sonoros, hasta en los primeros textos, y que hasta se perdieron en el guión y regresamos a los textos originales para captar la propuesta sonora.

Algo muy interesante en la diferencia entre la ficción y el documental es que cuando ves tu material documental por primera vez ya tiene el sonido del ambiente, mientras que en ficción no porque el ambiente está controlado para tener los diálogos limpios. Entonces me encontré con que mi material estaba totalmente muerto, sin vida. Hasta me entró pánico. Y Dave Cerf, que es mi pareja y mi colaborador también, y que trabaja mucho el sonido, empezó a construir ese primer diseño sonoro de la película. Y de ahí trabajé con Alejandro de Icaza, que hizo El general y El velador conmigo, empezando a mezclar, a meter más elementos, a hacer los follies… Y al final tuvimos la suerte de trabajar con Lora Hirschberg en Skywalker Ranch, donde hicimos una última mezcla de tres días, una experiencia increíble.

Si alguien viera Todo lo demás dentro de 50 años, ¿qué crees que pensará?
Por un lado quizás la vería como un documento histórico: el metro, las mujeres… cómo se vive en México hoy en día. Pero me imagino que el aspecto emocional de la película, la soledad de Doña Flor, es algo que seguirá en la vida. Somos seres sociales, creo que siempre luchamos con eso del individuo, la sociedad, la soledad, la comunidad, la familia. Siempre está dentro de nuestra biología el tener que lidiar con el tema de quién soy yo ante los demás.

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