‘Los españoles tenemos como una ruptura interna’: conversación con el actor apóstata Álvaro Ogalla

Yo apostato, tú apostatas, el apóstata apostata.

cartel-elapostataEs lo que se propuso hacer Álvaro Ogalla en 2006, apostatar, abandonar públicamente su religión católica. Y lo hizo como protesta por las críticas de la iglesia hacia medidas progresistas —derecho al aborto y matrimonio homosexual— adoptadas por el gobierno español.

El apóstata, tercer largometraje del cineasta uruguayo Federico Veiroj tras Acné (2008) y La vida útil (2010), retrata la apostasía del joven madrileño crecido en el barrio de Delicias. El uruguayo y el español se conocieron en la Filmoteca Española, lugar de trabajo de Ogalla, donde germinó la idea de hacer esta película cinéfila que se siente atemporal e incluye referencias eruditas a la música de Federico García Lorca y texto de Benito Pérez Galdós entre otras.

Tras dejar su trabajo de 20 años en la filmoteca, interpretar su primera película, y promoverla durante meses por todo el mundo, Ogalla se halla en un momento de transición en su vida. Visitó San Francisco el pasado mes de abril con motivo del estreno de El apóstata en el marco del Festival Internacional de Cine de San Francisco. Encantado con la ciudad, conversamos con él acerca de la inspiración para el filme, su personaje, motivación y propia experiencia personal.

El apóstata está disponible en DVD, así como para ver en línea en Amazon Video, I-Tunes y Netflix Latino.

¿Cómo te introdujiste al mundo del cine?
Prácticamente toda mi carrera profesional está ligada a Filmoteca Española donde empecé a trabajar en 1998. He trabajado en el departamento de montaje preparando las películas antiguas, rermontándolas para recuperar los montajes originales y preparándolas para el telecinado o el optical printer. Catalogando, restaurando, haciendo trabajo de archivo.

Y el otro trabajo como técnico, como proyeccionista de películas en 35mm en cines de arte y ensayo, centros culturales como el Museo del Prado, Círculo de Bellas Artes o la Academia de Cine en Madrid. Y en muchos festivales como el de San Sebastián o Documenta Madrid.

Y en la filmoteca es donde conociste a Federico Veiroj
Sí, él estaba catalogando. Conocí a Federico trabajando ahí. Estuvimos creo que 6 años trabajando juntos en la Filmoteca Española, y cuando volvió a Uruguay a comenzar su carrera como cineasta mantuvimos la relación, mandándonos cartas, emails o hablando por teléfono.

Federico Veiroj (izq.) y Álvaro Ogallas en Zinemaldia, Festival de Cine de San Sebastián, septiembre de 2015.

Federico Veiroj (izq.) y Álvaro Ogallas en Zinemaldia, Festival de Cine de San Sebastián, septiembre de 2015.

¿Y cómo surgió la idea de trabajar juntos en una película?
Fue por una amiga, Albina Pereira. En uno de los encargos que tuve, tenía que recuperar imágenes que tuvieran que ver con el Madrid preindustrial. Entonces empecé a ver nodos, documentales… y hablaba mucho con Albina, que también estaba estudiando el nodo en aquel momento, de las imágenes que estaban sin editar, de todas las noticias que nunca se publicaron… de todo el material que había ahí inédito. Y de la música también.

Y con Federico igual, compartíamos. Venía mucho a Madrid. Si me encontraba con cosas raras se las enseñaba y él también me enseñaba a mí. Siempre hay un flujo de intercambio, de música, de cine y de todo entre nosotros. Por ejemplo, empezamos a pensar, ‘joder esta música qué buena, habría que hacer algo con esto y reubicarla’. Y durante el montaje de El apóstata se decidió utilizar la música para probarla.

El personaje principal que interpretas en El apóstata, Gonzalo Tamayo, es un joven de treintaytantos años, apático, desapasionado, soñador…
Yo creo que todo lo contrario. Sí, quizás fantasea, pero yo no creo que sea ni apático ni desapasionado, todo lo contrario. Es alguien que está muy entregado a sus convicciones, a sus ideales, a desarrollar su legítima rareza. El problema es que no encuentra un contexto en el que eso pueda arraigar o que pueda llevarlo a algún lado. Parece que el sistema cerrado sobre sí mismo en el que habitamos habitualmente es refractario, la diferencia, o es refractario a que se pueda dar algo que sea sutilmente diferente.

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Yo creo que ese es el problema de Gonzalo. Lo presentan mucho como un Peter Pan, como alguien que está todo el día tirado sin hacer nada pero no para de hacer cosas. Apostata, tiene dos trabajos, está enamorado de su prima, también le interesa su vecina, va y viene, estudia filosofía, discute…

Igual alguien sin rumbo…
Federico como lo define es que está floreciendo de muchas maneras a la vez y no hay quizá nada que lo lleve en una única dirección.

Y la idea original está basada en…
En mi experiencia real. Yo traté de apostatar en 2006 en reacción a las protestas que estaba haciendo la iglesia católica en España contra las medidas progresistas del gobierno de Zapatero —contra el aborto, el matrimonio homosexual… Me parecía que estaban moviendo mucha intolerancia, que estaban criminalizando algo que no es criminal. Y por otro lado yo nunca me sentí adherido a la iglesia y pensé que era un buen modo de manifestar mi oposición a esas políticas. Y lo hice. Y eso inspiró a Federico para contar una historia española.

Él vive en Montevideo…
Vive en Montevideo pero nos conoce bien. Ha vivido muchos años en España. Tiene la sensibilidad. Los uruguayos tienen la mirada muy puesta en Europa y en España, y conocen muy bien nuestra deriva y nuestra personalidad. Los españoles tenemos como una ruptura interna, que hay algo entre generaciones por un lado, con nosotros mismos, históricamente, no solamente es una cosa del siglo XX y de la generación educada en el franquismo y la de ahora, sino que siempre ha pasado que hay una especie de malentendido estructural que está por resolver o que está por señalar. Y esta aventura de la iglesia le ayudaba de alguna manera a manifestar eso, a retratar esa contradicción española tan íntima.

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La película se siente muy atemporal.
Por la música, y porque se han retirado todos los elementos que hablaban de una modernidad. No hay teléfonos móviles, no hay pantallas planas… Está la broma de los ordenadores de las monjas, que son estos ordenadores de antes.

Y la voz en off…
Sí, tiene una estructura clásica. Federico siempre ha estado jugando con el cine clásico. Si viste su película anterior, La vida útil, se nota que es un hombre cinéfilo, un hombre de archivo, un hombre que trata de discutir y presentar y mantener todo el cine como en un lugar. Tiene todas estas referencias.

A Veiroj se lo equipara con Buñuel en El apóstata, pero a mí me recuerda a Berlanga, a lo mejor por la música.
Hablan mucho de Buñuel porque el tema de la religión en Buñuel está muy presente, y quizá la mano que aparece al principio de la película es como la mano de las hormigas de Un perro andaluz. Sí, Federico no oculta que le encanta Buñuel, pero las referencias con las que él trabajó para esta película y las que me daba a mí eran La prima Angélica de Carlos Saura, La sonrisa de mi madre de Marco Bellochio y películas de Marco Ferreri como La audiencia. Para que yo me inspirara en la escena del juicio, me propuso que viera La pasión de Juana de Arco de Carl Theodor Dreyer.

Muy cinéfilo todo. ¡No en vano os conocisteis en una filmoteca!
Sí. El nodo está ahí también. Él está jugando con todo su bagaje a la vez como autor. Y luego también hay texto de Benito Pérez Galdós. La discusión con el cura de ventana a ventana es una transcripción.

Apareces en casi todas las tomas de la película, como si fueras una Anna Karina en una película de Godard.
Sí [risas], me rueda muy cerca.

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Ogalla y la actriz Marta Larralde durante la filmación de ‘El apóstata’.

Y desde el principio establecisteis que la película iba a ser en torno a tu personaje de Gonzalo como la única trama en el guión?
Bueno, había una tramita… Pero siempre íbamos a estar siguiendo a Gonzalo. A través de Gonzalo conocemos todo lo demás, y su universo. Se cayeron algunas escenas con el padre. Y otras se dejaron de rodar por falta de presupuesto. En el montaje se decidió que desapareciera lo que había rodado sobre el padre, porque la ausencia del padre hablaba más de la relación con el padre que su presencia anecdótica. Pero a pesar de que se cayeron esas escenas de la relación laboral que tiene Gonzalo con su padre, con su tío, o presentando la España corrupta… porque el personaje apostata de la España corrupta, igual que apostata de la universidad, igual que apostata de la familia jerárquica. Pero bueno, el cariño hacia la madre y hacia la familia está todo el rato. De hecho está con su prima y no quiere dejar de estar con su prima. Pero bueno, aunque se cayó eso, el centro iba a ser siempre Gonzalo.

La película se estrenó en el festival de Toronto, en el de San Sebastián recibió el premio Fipresci y una mención especial del jurado, estuvo en Panamá, ahora en San Francisco, y ya tiene distribución asegurada en Estados Unidos. ¿Le va muy bien no?
Sí. Le van a hacer ahora un escaparate en el Lincoln Center de Nueva York. Y estrenamos en Francia el día 4 de mayo. La verdad es que va muy bien.

Por cierto, la traducción del título para su estreno en Francia está muy buena, Dieu, ma mère et moi [Dios, mi madre y yo]. ¿Qué te parece?
Me gusta mucho. Es porque siempre hay que explicar qué es un apóstata. Nadie sabe lo que es un apóstata.

Es una gran palabra, eso sí.
Sí, es muy bonito recuperarla pero por otro lado no engancha porque nadie sabe lo que es. Y bueno, los franceses propusieron cambiar el nombre por éste, y éste es súper francés y queda muy bien. Estamos todos muy contentos con probar cómo llega al público. Y es una película que quizás tiene un sentido del humor con el que van a comunicar los franceses. También han hecho un tráiler muy divertido. Más ágil, con una batería y un montaje más rápido. Yo estoy muy nervioso.

Estoy pensando también que cae en un momento de rebeldía francesa, la Nuitdebout, y puede que conecte. Los manifestantes están mirando a España para buscar referencias. Y es una película que presenta un momento pre-político del personaje, que va a hacer su ingreso en lo público, va a hacer un acto político. Si hablamos de la atonía que tiene él y que por fin va a hacer algo, va a ingresar en su edad adulta porque va a abrazar a su niño. Lo que va a hacer realmente Gonzalo es estar acompañado de su niño y dejar de luchar contra él. Va a fantasear, se va a poder permitir ser lo que es. Ese es el final de la película.

 

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