34º Festival Internacional de Cine en Guadalajara: ‘Temblores’ y ‘Divino amor’ brillan con luz propia

El pulso ágil y saludable de la industria cinematográfica latinoamericana destelló en una sólida trigésimo cuarta edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara que se clausuró el pasado 15 de marzo.

Las vigorosas colaboraciones entre países y un dinámico circuito de festivales generan historias con la magia, candidez y capacidad de sorpresa que el cine estadounidense y europeo ha perdido en la carrera por hacer dinero.

Entre los largometrajes de ficción brillaron ‘Temblores’ (Guatemala /Francia / Luxemburgo) del chapín Jayro Bustamante y ‘Divino amor’ (Brasil / Uruguay / Dinamarca / Noruega / Chile) del brasilero Gabriel Mascaro con luz propia, ambas segundas películas que giran en torno al fervor evangelista de América Latina.

‘Temblores’, un retrato aterrador del fanatismo en el seno de una familia de clase alta guatemalteca empeñada en sanar la homosexualidad de su hijo casado, reafirma a Bustamante como un cineasta de gran calibre tras la sorprendente ‘Ixcanul’ (2015).

La película presenta una realización exquisita: sólido trabajo de actores, gran línea dramática, depurado trabajo de cámara, nítida mezcla sonora y gélida estética urbana.

Mientras tanto, el brasileño Gabriel Mascaro, tras la maravillosa ‘Boi neon’ (2015), retrata en su segunda película un país donde las personas se confiesan en drive-thrus y los raves del amor suplantan al Carnaval como fiesta nacional.

‘Divino amor’, con ecos de Safe de Todd Haynes, presenta un futuro inmediato invadido por el credo evangelista. Tras la exposición inicial, la película se imbuye de una bella poesía, mediante tomas largas y manteniendo “la cámara a la distancia justa del sujeto”, en palabras del talentoso realizador, teñida de luces de neón y con varias escenas memorables de reuniones litúrgicas.

Además, Brasil destacó con la sensual y emotiva oda a la vida ‘O grande circo místico’ (Brasil / Portugal / Francia) del veterano Carlos Diegues (Bye-Bye Brazil), un recorrido de 100 años por el fascinante mundo del circo a través de cuatro generaciones, narrado con un ritmo mágico y con números musicales inolvidables, y con ecos de Poesía sin fin de Alejandro Jodorowski; ‘Cinema Morocco’ de Ricardo Calil, bello documental sobre un grupo de personas que ocupan un cine abandonado; ‘Tito os pássaros’ de Gustavo Steinberg, Gabriel Bitar y André Catoto, fascinante animación al óleo sobre niños unidos que aprenden a quitarse el miedo; y el excelente cortometraje ‘Eu sou o super-homem’ de Rodrigo Batista.

España estuvo bien representada con dos excelentes películas: ‘Petra’ de Jaime Rosales, retrato sobrio de un entramado humano en el seno de la burguesía catalana, con aires de tragedia griega y ecos de Eric Rohmer; y ‘Carmen y Lola’, sentida y suave ópera prima de Arantxa Echevarría que retrata la atracción que nace entre dos jóvenes gitanas en Madrid, con bellísimas escenas de amor, grandes actuaciones y un gran pulso dramático.

México presentó la correcta e interesante ‘Detrás de la montaña’ de David R. Romay, en torno a dos adolescentes sin familia que vagan en Ciudad Juárez, y con gran actuación protagonista de Benny Emmanuel; y la humilde e intrigante ‘At’ Anii’’ [Tu amante] de Antonino Isordia Llamazares, en torno a la relación de un joven matrimonio Téenek en la huasteca potosina.

Las inocuas ‘Miriam miente’ (República Dominicana / España) de Natalia Cabral y Oriol Estrada, ‘Los tiburones’ (Uruguay / Argentina / España) de Lucía Garibaldi, ‘Sueño Florianópolis’ (Argentina / Brasil / Francia) de Ana Katz y ‘Rojo’ de Benjamin Naishtat (Argentina / Bélgica / Brasil / Alemania / Francia / Suiza), representaron un cine efectivo con buenos guiones que tiende hacia lo costumbrista pero que es en última instancia prescindible al parecer salido de un molde.

Chile, país invitado del festival en esta edición, presentó la ópera prima ‘Perro bomba’ de Juan Cáceres, en torno al abuso que sufren los inmigrantes haitianos en Santiago, muestra de “un cine popular, no documental, sino documento”, en palabras del entusiasta joven realizador; y una excelente retrospectiva que lamentablemente pasó desapercibida al proyectarse al aire libre bajo un sol y un calor inmisericordes. Joyas del cine chileno como Canta y no llores, corazón (Juan Pérez Berrocal, 1925), Isla de Pascua (Nieves Yankovic / Jorge Di Lauro, 1965) o El chacal de Nahueltoro (Miguel Litttin, 1969) no las vio nadie.

Bien sea un cine con gran valor de producción hecho desde la abundancia por clases pudientes o un cine en bruto con mensaje potente hecho desde la necesidad, América Latina continúa a través de la historia contando excelentes historias cinematográficas desde el Sur y sobre el Sur, sin necesidad del Norte.

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